viernes, 20 de abril de 2012

Mundo Esmeralda


Mundo Esmeralda



                A los dioses siempre les gustó adornarse con piedras y metales preciosos; por eso, un día cuando aún no había hombres y la Tierra y el Mar estaban desiertos y tristes, todos los metales y las piedras preciosas se reunieron en un hoyo en el fondo del Mar porque querían que toda la Tierra y el Mar se llenaran de su belleza y no sólo los dioses.



               El Oro, que es el más noble, dirigía la reunión y la Plata tomaba los apuntes. Tras largas y agotadoras horas de debate, al Brillante se le iluminó la cara y dijo:



                   -Se me ocurre que necesitaríamos que uno de nosotros tendría que salir a la superficie y sacrificarse para que le dé su color a la Tierra y al Mar y así todo sería más bello (y como siempre que hay una buena idea, todos estuvieron de acuerdo).



El Oro le preguntó: 

-Pero, ¿quién crees que sería capaz de hacer semejante cosa?

-No sé, prosiguió el Brillante, quizás el  Rubí, que tiene muy bonito color.



Al Rubí se le subieron de inmediato los colores al rostro y poniéndose muy muy rojo rehusó cortésmente la invitación señalando que él iría detrás de quién deseara el privilegio de ser el pionero.



            La Ágata y la Amatista palidecieron de envidia cuando oyeron nombrar al Rubí primero; pero aun así no se atrevieron a levantar la mano para autoproponerse; debían disimular sus intenciones de figurar. Así las cosas, el Ópalo opinó muy tímidamente que quizás sería bueno que vaya delante la Esmeralda, que se ve linda cuando le da y cuando no le da la luz.



            La nombrada estaba al fondo de la sala, modestamente sentada y atenta a los acontecimientos cuando todas las cabecitas voltearon a verla curiosas (y algunas envidiosas, porque nunca faltan) y dijo que sí si los demás estaban de acuerdo. Pues que sí, que los demás estaban de acuerdo y más que eso, pues así como el Rubí, otras piedras más aceptaron ir detrás de la pionera.



            Bueno, fue cuando cavaron un camino entre las rocas que salieron a la superficie al borde de un río, muy de mañana; el Sol brillaba y el agua parecía hecha de hilos de Plata. Frente a la poderosa luz del Sol, la Esmeralda se llenó de calor y empezó a cambiar, crecer, estirarse y a multiplicarse.



           Pronto, todo se veía verde, en muchas tonalidades. Y las otras piedras se subieron sobre la Esmeralda y coronaron sus esfuerzos agarrándose a ella y exponiendo sus colores. Así aparecieron las primeras plantas y las primeras flores en el mundo.



          Y por eso, en nuestros ríos, aún puedes encontrar esmeraldas hermosas, siempre dispuestas a dar su color en caso de que los hombres arranquen todo lo verde que queda cerca. Pero mientras haya verdor habrá esperanzas de una vida mejor.



                                            ARIEL