La roca de los dioses

Cuando nuestros dioses eran aún muy jóvenes, apenas niños, y no había en el Mundo nada que los entretuviese, uno de ellos (no recuerdo cuál) se encontró con una piedrita brillante y bonita, que puesta a la luz despedía hermosos colores.
Se puso pues muy muy contento y rápido fue a enseñarles a sus hermanos, lleno de alegría, aquél prodigio.

Los demás dioses se pusieron algo celosos y no faltó quien comentara:
-¡Bah! es sólo un pedazo de carbón, nada más.

pero en su fuga hizo ruido (seguro se tropezó con alguna piedra de ésas que no dan luz; pero sirven para hacer casas) y los demás dioses se despertaron y empezaron a dar gritos de alarma al ver que la luz de la piedrecita se perdía en el horizonte.
Emprendieron la carrera lo más velozmente que podían, cada cual por un camino distinto;
pero el Mundo era tan grande, tan grande, que acabaron por perderse y no encontraron el camino a casa, y empezaron a llorar tanto tanto que todos los agujeros del mundo comenzaron a llenarse de sus lágrimas y así, con esa primera lluvia, nacieron los océanos y mares, ríos, lagos y lagunas.
En cuanto al pequeño ladrón, se metió en una cavidad de la Tierra donde sus hermanos no lo pudieron encontrar jamás, y dice la leyenda que aún vive allí, que se le puede oír llorar y que sus lágrimas mojan las cuevas, mientras atrae a los humanos con el codiciado brillo de la preciosa roca.
ARIEL





No hay comentarios:
Publicar un comentario