Las hijas de las aguas
Los ríos y los mares, las lagunas y los lagos estaban muy contentos de estar en el Mundo.
-El Mundo es bueno, decían, y nosotros lo hacemos más bello aún. Y eso era y es verdad.
Y un lindo día, a un río le empezó a dar mucho mucho calor y tú ya sabes lo que le pasa al agua si se le da calor: hace vapor y ese vapor forma nubes. Un buen dios sopló sobre el río acalorado para evitar que se siga calentando; pero lo único que conseguía era que el vapor se quedase más cerca del agua.
Y el vapor empezó a juntarse tanto y tanto que ya el buen dios no veía nada al río acalorado. Soplaba más y más vapor salía y ya no sabía qué hacer. El vapor se seguía juntando y aunque el río no se veía, el vapor también era lindo y si estaba muy apretado se veía blanco y muy bonito.
El dios juntó el vapor y lo metió en una bolsa grande e invisible, para seguir disfrutando su color; hizo un nudo a la bolsa y la bolsa se fue al Cielo; pero no se perdía, sino que permanecía flotando suave sobre la Tierra y el Sol le daba lindos colores durante el día, y más bellos aún cuando nacía el día o cuando nacía la noche.
Pronto los demás ríos y todas las otras fuentes de agua del Mundo le pidieron al Sol que las calentase mucho y una vez calientes llamaban a gritos al buen dios para que junte la niebla y la meta en más bolsas y las lance al Cielo.
Y así los ríos y los mares, los lagos y las lagunas estaban más contentos y orgullosos de producir a sus hijas las nubes, que hacían y hacen más bello y fresco al día y más romántica a la noche.
ARIEL

Que raro citando a Dios, usted... Me gusto, gracias.
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